Iara Bianchi[1] Aquellos que creen, no necesitan pruebas. Y para aquellos que no creen, ninguna prueba es suficiente. Esta pandemia duele. Al que escribe, al que lee, al que vive con palabras sin tinta o sin voz. ¿Cómo distanciarse de algo que toca el cuerpo para darle voluntad de letra? Coincido con las palabras de Daniel Ripesi: “¿Qué nos impulsa a la escritura? En mi caso, creo que es la ansiedad, más o menos inocente, de llegar a descubrir lo que verdaderamente pienso… Como si el escrito fuera el testimonio de un diálogo conmigo mismo, con sus enojos y reconciliaciones, evasivas y exabruptos, temores y atrevimientos, pero lo más sincero…
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Sin verdad ni justicia. Confinamientos metafóricos
Carlos Fernández Gaos[1] [ “Insistentemente acariciaba la cara mientras recorría con paso ágil los alrededores del lugar donde había colocado el teléfono. La mano sostenía un cigarrillo del que aspiraba casi en contrapunto de las caricias procuradas. Por fin sonó y se escuchó el desenlace que había estado anticipando con murmullos. Con ojos muy abiertos, exploraba erráticamente el entorno sin fijarlos en lugar alguno. ¡Qué embrollo! repetía en voz alta a mandíbula apretada. “Tienes que ejercer tu autoría, no tu autoridad, y elegir una respuesta justa aunque no sea verdadera, o, una verdadera aunque no sea justa” era la consigna escuchada por el teléfono. En otro lugar, había que dedicarse…
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Un año de COVID para la Comunidad educativa
Luz Martínez Seijo[1] Todo lo que nos rodea en nuestras vidas ha sido afectado en mayor o menor medida por la aparición del coronavirus, desde luego, la educación ha sido uno de los sistemas que más ha tenido que adaptarse. Se ha puesto toda la organización educativa patas arriba, obligando a cambiar el paradigma educativo. Hace un año parecía inconcebible pensar que el sistema de enseñanza-aprendizaje tradicional y extendido en todo el mundo pudiese cambiar de un día para otro. El COVID19 está demostrando que nada es imposible y que nuestra capacidad de adaptación, también educativa, es enorme. Sin embargo, y a pesar de la dificultad de contar con un sistema educativo fundamentalmente presencial, se ha logrado un cambio radical hacia la enseñanza-aprendizaje a…
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Aprender de las enseñanzas de la pandemia
Tomás Quintana[1] Recordemos para no olvidar A principios de 2020, nadie contaba con que en pocas semanas, la humanidad se iba a sentir sacudida por un virus letal, y ello pese a que ya en lo que llevábamos de siglo habíamos sufrido al menos cinco brotes pandémicos más, aunque de mucha menor envergadura que el provocado por SARC-CoV-2; pese a lo cual, haciendo oídos sordos a los malos augurios que suponían los brotes precedentes, seguimos confiando en la falsa idea de que las pestes eran cosa de otros tiempos, pues en el ideario popular se relacionan con la terrible peste negra que asoló el mundo a mediados del siglo XIV,…
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25 de abril del año 2021
Jesús Morchón[1] 25 de abril del año 2021 de nuestra era, Cuadragésimo primer día del confinamiento. Hace unos meses me rozaron Los dedos de la muerte Y desde entonces Me esfuerzo Por salir del estado sombrío, mayor los últimos días. Me siento en mi sillón rojo A leer “Léxico familiar” Y olvidarme de todo. No lo consigo. Mi pensamiento se pierde, Se confunde, se enreda, En temores y emociones oscuras, En miedos avarientos Que ocupan el lugar de otras ideas. Días poco propicios Para vivir un tiempo más liviano, Rojo como los espumarajos Que manchan los lavabos De los tuberculosos. Rojo como los excrementos De los cancerosos cercanos a la…
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Soneto 365
María Isabel Cuena[1] El diecinueve de abril no paró de llover. No nos mojamos: todo iría bien. Pensamos que hoy habría sido de otra manera. Abril lloraba: hú- medo y tibio. Los días se pegan a las ventanas y resbalan al coger más horas, digo gotas. Son de lluvia. De alarma. (No es el tiempo: ritmo sólo). Es distinto este año el estado de– las cosas. Por fuera, y el agua dentro. Brillaba el sol. También ha cambiado el número. Del dos (22) al tres (23), del cero (dos mil veinte), al uno (20 21). Yo sigo siendo frívola [se prolonga] y en esta agua me alegra celebrar aniversarios. [1]…
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Canción bipolar
David Pujante[1] A Ernesto Sánchez-Gey Venegas A veces te repliegas como una rosa extinta que ha cumplido sus días. A veces te despliegas como una margarita de pétalos azules, renacido. El terror y el deseo cruzándose en tu vida: crucifixión y cielo. [1] Catedrático de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Univ. de Valladolid. Premio Dámaso Alonso 2018 a su trayectoria académica y política. Member of the International Society for the History of Rhetoric. Member of the ISHR Council. Codirector de la revista digital Castilla: www.uva.es/castilla. Autor de una amplia obra, su último libro de poemas: Galería, (Licenciado Vidriera, 2020). Ver https://es.wikipedia.org/wiki/David_Pujante#Obra_creativa
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Embrión
Abraham Gragera[1] Vienes del río, el que se esconde, de vez en cuando, como mi alma, bajo la tierra, para que siembren los muertos, para que amasen su pan. Vienes del mar, el mar de enfrente, donde tu madre, de niña, se bañaba con las manos cubriendo sus pezones para que el agua no se los llevara. Creces, y al crecer nos alejas como a orillas, como a los continentes, con empuje constante de millones de años, imperceptiblemente, en la penumbra del salón semivacío. O de pronto aceleras, y es como si viajásemos en tren, sentados, en silencio, frente a frente, y el tren nos transportase a cada uno en…
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La casa
Ángela Argüeso Flórez[1] Comprobar que la casa que hemos adornado y la vida que hemos construido se puede tambalear o erguirse como una gran losa, ha sido una gran lección en pandemia. Como dice la canción El momento más feliz, de La Casa Azul: El momento más terrible, comprender que es imposible revelarse contra el devenir. La soledad de una casa puede haber significado un oasis de tranquilidad, descanso, paz (eternos), el deber interno ha empujado a los que vivían aquí a un aislamiento total, una misión de extrema importancia. Esta casa tiene grandes cerrojos, difíciles de abrir. Los ribetes de las ventanas son de la mejor calidad y han…
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“C-u-a-r-e-n-t-e-n-a”. Sobre El Aviador, de Martin Scorsese
Vicente Palomera[1] Allene Hughes: Q-u-a-r-e-n-t-i-n-e. Howard Hughes: Quarentine. Q.a.r.e.n.t.i.n.e. Quarentine. (Escena inaugural del film de Martin Scorcese, The aviator). En plena cuarentena en la que nos hallamos sumidos, he encontrado un extraordinario tweet en el que Martin Scorsese nos habla del impacto que le produjo la lectura de la primera escena con la que comienza el guión de John Logan.[1] Vemos a Allene Hughes bañando a su hijo Howard en una habitación apenas iluminada. Allene sufría de un delirio a la contaminación microbiana y solía repasar exhaustivamente el cuerpo desnudo del niño. También verificaba a diario sus deposiciones. Durante la toilette de su hijo frotaba todo su cuerpo con un potente jabón de lejía. Lo que…