Análisis 39,  Fernando Martín Aduriz

Poesía y locura: el enigma Pessoa

Fernando M. Aduriz

Coloquio Poesía y locura, 29 de mayo de 2025,

 Hospital Psiquiátrico San Juan de Dios. Palencia.

XVI Jornadas de Poesía “Ciudad de Palencia”

La inspiración poética es un delirio equilibrado[1].

Fernando Pessoa

Cinco argumentos en torno a Fernando Pessoa

1.- La inspiración poética es un delirio equilibrado.

 Pessoa lo afirma a través de su pseudónimo (no heterónimo, no un personaje) Alexander Search.

Se conserva una hoja donde se anota la dirección de Alfred Binet, entonces director del Laboratorio de Psicología Fisiológica de la Sorbonne, porque Search, es decir Pessoa, estaba interesado en psicopatología. De hecho, en su biblioteca han aparecido libros de Freud subrayados por el genial portugués. La frase que he situado hoy como exordio está aislada en un simple verso, cual aforismo.

Jacques Lacan, a propósito de la frase de Rimbaud, Je est un autre, señaló algo muy pertinente para los que estudiamos al poeta Pessoa: «los poetas, que no saben lo que dicen, sin embargo, siempre dicen, como es sabido, las cosas antes que los demás»[2].

2.- Pessoa y el miedo a enloquecer.

 Dirá que ese miedo es locura en sí mismo. Podemos pensar que vivió al borde de la locura. “Un misántropo amante de la humanidad”…“tengo muchas afinidades con Rousseau, el amor cálido, intenso e inefable por la humanidad, y una dosis de egoísmo que lo compensa. Pero sufro (al borde de la locura, lo juro), como si pudiera hacerlo todo y fuera incapaz de hacerlo, por una deficiencia de mi voluntad. El sufrimiento es horrible. Me retiene constantemente, como he dicho, al borde de la locura”[3].

Si el exceso de impulso le paraliza su voluntad, traduzcamos: inhibe su deseo. Y el sufrimiento que eso le produce le permite preguntarse de nuevo si “podría ser ubicado a este lado de la demencia”, ello junto a lo que denomina: “susceptibilidad ante cada pequeñez que pueda causar dolor”.

Finalmente: “una de mis complicaciones mentales -horrible más allá de toda palabra- es el miedo a la locura, el cual es locura en sí mismo”.

Estos impulsos, en lo tocante al cuerpo, son definidos por Pessoa como “Muscularidad”, expresión que usa para definir lo que siente en su cuerpo cuando le vienen todo tipo de impulsos, sean dementes o sean criminales, los cuales le piden acción.

3.- Crisis de locura.

Se ha sabido que en 1925 se auto atribuyó una crisis de locura, y sopesó la posibilidad de ingresar en un psiquiátrico. Incluso se ha encontrado una carta dirigida a un destinatario no identificado en donde debió de ver el desencadenamiento que nunca se produjo: «Creo estar sufriendo un acceso –ligero, supongo, y, si es así, curable– de locura psicasténica…y como el decreto de 11 de mayo de 1911 permite, en uno de sus artículos, que el propio enfermo solicite ese internamiento, venía a pedirle el favor de que me diga cómo debe fundamentarse esa solicitud, a quién hay que dirigirla y con qué documentos»[4].

Es también muy significativa otra carta. La escribe mediante el heterónimo Faustino Antunes, nombre que dio a un supuesto psiquiatra que tuvo a Pessoa como paciente. Antunes escribe a compañeros de clase en Durban (Sudáfrica, donde vivió de los 7 a los 17 años, con su madre y su padrastro) y les pide datos sobre su salud mental. Un excompañero le contesta a este psiquiatra inventado, pero sospecha que el estilo delataba al Pessoa estudiante que había conocido. Vemos en este ardid para saber qué opinaban de él quienes habían sido sus compañeros en la adolescencia del colegio inglés, su propia pregunta: “Le escribo con respecto al fallecido Fernando Antonio Nogueira Pessoa, quien al parecer se habría suicidado…hizo explotar una casa de campo…se me ha solicitado que investigue acerca de su condición mental…”

El humor aparece también en su texto “La psicosis de los adelantos”, que hace escribir a otro heterónimo, Bangem, y la define como “forma de alienación mental” en lo que es adelantar, pagar o recibir adelantos. Y engloba un ejemplo de síntoma, la cleptomanía, a la que define como el síntoma más característico de ese tipo de psicosis, pues los enfermos que roban, en general lo que hacen es pedir un adelanto.[5] (Psicosis de los adelantos y cleptomanía podríamos titular en nuestra época).

 Sospechó, pues, siempre que había emprendido el camino de la locura, como en el poema que escribe:

Bien sé que estoy enloqueciendo,

Bien sé que falla en mí quien soy,

Mas, mientras no me voy rindiendo,

Quiero saber por dónde voy….

Todo eso; me estoy perdiendo

De mí, me voy a extraviar…

…Si he de ser loco, mi alma aspira

A una locura buena y alta.

4.- Loco todavía fuera de las fronteras de la internabilidad.

 Es esta su expresión a través de Bernardo Soares.

En ese fuera de las fronteras del encierro podemos preguntarnos entonces qué hizo de estabilización y de suplencia. Qué le hizo ser un “loco que no lo parece”, parafraseando al Dr. Esquerdo. Qué le hizo ser loco sin estar loco[6], como titula el psiquiatra Vaschetto. Pessoa: “Sólo lamento no ser niño, para poder creer en mis sueños, no estar loco para poder apartar del alma de todos los que me rodean…” (Libro del Desasosiego)

Si proponemos pensar que fue la escritura y la poesía lo que le hizo de estabilización y suplencia para evitar la gran caída, podemos preguntarnos acerca de lo que en él funcionó como Nombre del Padre, o su posición subjetiva en el tratamiento del cuerpo y en el modo de lazo social.

Todos los indicios y detalles me han llevado a estudiar a Pessoa como un sujeto no neurótico, ni histérico ni obsesivo, pero sin mostrar signos de padecer una psicosis extraordinaria, simplemente indicios y detalles sutiles que nos permiten proponer investigarlo como psicótico sin desencadenar, es decir aún todavía sin brote psicótico. De sus escritos y de quienes lo trataron deducimos la huella de una juntura desasosegada, o como Jacques Lacan alumbrara la característica prínceps de la psicosis: «Un desorden provocado en la juntura más íntima del sentimiento de la vida en el sujeto”.

En “El libro del desasosiego” escribirá: No sé si duermo o si sólo siento que duermo. Y también: “Vivía por fuera y el traje estaba limpio y era nuevo”.

Vamos a localizar los pequeños indicios en esa triple externalidad[7] propuesta por Jacques-Alain Miller, investigador y promotor del concepto de psicosis ordinaria. Externalidad social, corporal y subjetiva.

A.- Externalidad Social. Cuando el sujeto logra encontrar una función social, un lugar al sol, una identificación con esa función social, y no un desamparo, no una soledad oceánica como es el caso de Pessoa. Un aislamiento que no presente la connotación de la rebeldía histérica ni el empuje a la autonomía del obsesivo. Pero la negativa exclusión social no puede engañarnos acerca de otro tipo de exclusión, esta de carácter positivo, que comporta la sobreidentificación al cargo, a la profesión, al trabajo en sí, y que desestabiliza gravemente cuando el sujeto pierde el trabajo o se jubila, momentos en donde encuentra una gran exclusión. Trapiello al comentar El libro del desasosiego afirma que el lema del libro de Pessoa podría ser: “vivir es ser otro”, y recuerda que a Bernardo Soares la metafísica siempre le pareció “una forma prolongada de locura latente”.

B.- Externalidad corporal.  Cuando un sujeto necesita una abrazadera para sujetar su cuerpo inventando elementos adicionales sostenedores, cual aire de extravagancia. En Pessoa están estos rasgos: su tratamiento del cuerpo se ve en esa imagen que tenemos del poeta como la de alguien sin cuerpo, pura esfinge. Un autor lo define así: «Ese personaje que hace todo lo que está en su mano para ocultarse pareciera como si careciese, en los hechos, de cuerpo…la imagen que Pessoa nos ha legado nada tiene de carnal: reducida a unas gafas, un sombrero, un bigote y una gabardina, el cuerpo a duras penas se aprecia»[8]. Y añade Richard Zenith: «Es como si Pessoa fuese, no un hombre sin cualidades (como en la novela de Robert Musil), sino un conjunto de cualidades sin hombre»[9]. Es muy llamativa, a este respecto, la primera imagen que su amiga y amor más conocido, Ofelia Queiroz, tuvo del poeta: «En cierto momento vimos que subía por la escalera un señor todo vestido de negro…con un sombrero de alas reviradas y ribeteadas, gafas y pajarita. Cuando caminaba, parecía como si no pisase el suelo»[10].

C.- Externalidad subjetiva. Buscamos aquí un indicio del vacío. Para nuestro Pessoa hay poemas y todo El libro del desasosiego para demostrarlo: “La vida perjudica a la expresión de la vida”, “La única ventaja de estudiar es disfrutar de lo que no han dicho los demás”, vemos ahí su experiencia del vacío.

Unas palabras acerca de su NOMBRE, como vacío. Es la cuestión del apellido Pessoa, elucidada por algunos autores.

  • Para Octavio Paz resulta ser el verdadero secreto del estudio del propio Pessoa, «Su secreto, por lo demás, está escrito en su nombre: Pessoa quiere decir persona en portugués y viene de persona, máscara de los actores romanos. Máscara, personaje de ficción, ninguno: Pessoa»[11].
  • Para Ofélia Queiroz, amiga con quien Pessoa tuvo una relación amorosa[12], su apellido le permitió un juego de palabras, hasta el punto de que ideó un heterónimo para él, Ferdinand Personne. En francés se traduciría por Fernando nadie.” Toda su experiencia subjetiva nombra y se centra en ese su vacío como sujeto.

5.- El uso de la escritura como lenitivo.

La escritura suaviza, ablanda la locura. Puede ser una suplencia de lo que no hay, un instrumento que impide la caída y el brote psicótico.

Para muchos autores y poetas la escritura ha servido para evitar la caída en la locura.

Recordemos dos ejemplos. La función simbólica que cumple la escritura en Duras (“sin la escritura me volvería literalmente loca”). Y el uso en Robert Walser quien gracias su escritura, empequeñeciendo al máximo su letra en una caligrafía muy particular, hace vida normal en el Psiquiátrico, y entre paseo y paseo discurre su vida.

Veamos entonces la escritura y los heterónimos como suplencia en Pessoa.

a.- Escritura.

Pessoa (al igual que Raymond Roussel[13] en El doble) se topó con su particular día de euforia, de subidón, de máxima exaltación:

«Un día en que finalmente había desistido —fue el 8 de marzo de 1914— me acerqué a una cómoda alta, y, cogiendo un papel, comencé a escribir de pie, como escribo siempre que puedo. Y escribí treinta y tantos poemas de un tirón, en una especie de éxtasis cuya naturaleza no conseguiré definir. Fue el día triunfal de mi vida, y nunca podré tener otro así…lo que siguió fue la aparición de alguien en mí, a quien di de inmediato el nombre de Alberto Caeiro…había aparecido en mí mi maestro»[14].

 Nada como su escritura para percibir el uso que pudo hacer de ella en el día triunfal de su vida, de exaltación maníaca de la letra.Pero también dejó escrito en El libro del desasosiego que para él las palabras eran cuerpos tocables, sirenas visibles, sensualidades incorporadas. Decía que la sensualidad real no poseía para él ningún interés, ni material ni en las ensoñaciones, pero que se le había trasmutado el deseo en lo que creaba para él ritmos verbales, o eso mismo escuchado en otros. Este libro, uno de los grandes de la historia de la literatura, fue escrito por un semi heterónimo, Bernardo Soares[15].

b. Escritura y heterónimos.

Bien, comprendamos la razón de los heterónimos. Es una identidad literaria ficticia, algo que un autor, como Machado creando Juan de Mairena, inventa y atribuye biografía, estilo peculiar.

Primero recordemos que, desde su infancia, manifestaba su gusto por rodearse de personajes ficticios de su invención, él mismo veía en ese gesto el origen remoto de los heterónimos.

En el decir de la psicoanalista Colette Soler, quien definió a Pessoa como “la esfinge”, quiso ver similitudes entre Joyce y Pessoa: «el ego desfalleciente de Joyce que encuentra con toda seguridad su pareja en Pessoa, en…la ‘despersonalización’. Pero si Joyce-el-síntoma, convirtiéndose en Único por su arte, se construye un ego de suplencia, ¿qué decir de la multiplicación del yo en Pessoa? La colección de personalidades que inventó, y con las cuales convive, plantea continuamente al lector, como a los críticos, una cuestión acuciante»[16].

El tratamiento de la letra en Fernando Pessoa no es el de James Joyce. Mientras que el irlandés genial deja sin efecto las significaciones, el portugués universal las amplifica de tal modo que finalizan anulándose: “asociaciones de ideas de término infinito”, llega a decir.

En una carta dirigida a Adolfo Casais Monteiro, el 13 de enero de 1935, definiría así a sus heterónimos:

 “El origen mental de mis heterónimos está en una tendencia orgánica y constante a la despersonalización y a la simulación. Estos fenómenos felizmente para mí y para los demás, se materializan en mí, quiero decir, no se manifiestan en mi vida práctica, exterior y de contacto con los otros; hacen explosión hacia adentro y los vivo yo a solas, conmigo mismo”.  

Sus estudiados 136 autores ficticios son un ejemplo vivo del uso de esa despersonalización como sostén y también como ejemplo de gran poeta, universal, genial, con poemas escritos por él a través de esos autores ficticios.

Resumen. El poeta es un fingidor.

Los desenganches del Otro, del lazo social, empujan a muchos sujetos bien a la errancia infinita, bien al silencio máximo, al aislamiento oceánico, mientras no llega nunca esa ruptura absoluta con el Otro. Éric Laurent propone una orientación en relación a los inclasificables y la psicosis ordinaria: «Henos aquí en condiciones de repensar todos los puntos de la clínica de las psicosis en que el desencadenamiento nunca funcionó muy bien»[17]. Sería el caso de nuestro poeta, y de las conexiones en su vida y su obra con la locura. La poesía y la letra le permitieron mantenerse en un equilibrio inestable pero el desencadenamiento en el caso Pessoa no se produjo

           Son claros los fenómenos pensables como el revés de un desencadenamiento:

-un espeso silencio;

– un atisbo de empuje a la mujer y su idea de sentirse mujer por dentro;

– un día de exaltación maníaca, su famoso ‘día triunfal’;

– unos ciclos de euforia y tristeza;

– un aislamiento del Otro (“me siento tan solo como un barco que hubiera naufragado en el mar”);

– un uso desbordado de la escritura como elemento estabilizador;

– un cambio radical a partir de la muerte del padre;

– un uso del alcohol como tranquilizante y sustituto amoroso;

– un tratamiento especial de la letra;

– una posición del cuerpo como esfinge;

– un desdoblamiento de la personalidad en personajes, heterónimos:

“Me he multiplicado para sentirme/para sentirme, he necesitado sentirlo todo, / me he transbordado, no he hecho sino extratrasvasarme,/ me he desnudado, me he entregado, / y hay en cada rincón de mi alma un altar a un dios diferente”.

– una exaltación paranoica respecto a las posibilidades que él aportaría a la nación portuguesa;

– su afición al ocultismo, al esoterismo, al espiritismo como soluciones seguras;

– los atisbos de alucinaciones;

– sus declaradas fobias: a las tormentas, por ejemplo, pero y sobre todo, la fobia a enloquecer, que siempre le acompañó;

– y desde luego su pasión por lo absoluto:

“Cuanto más sienta yo, cuánto más sienta como otras personas…Más análogo seré a Dios”.

Ese apretado resumen de rasgos fenoménicos nos permite continuar una investigación en marcha para el estudio de la vida y la obra de Pessoa y las psicosis ordinarias con el panóptico de la lente del psicoanálisis.

Pero su locura, que hoy investigamos, no puede olvidarnos la profundidad de lo que nos legan sus escritos, sus poemas, la deuda que tenemos con los poetas, que dicen siempre antes lo que los demás no atisbamos aún, por más que ni ellos, los poetas, ni nosotros sepamos lo que decimos. Lo sabemos mucho tiempo después, por los efectos que causan nuestras palabras y nuestros escritos. Los efectos de Pessoa se resumen en la idea de Andrés Trapiello:

«Duele sufrir, pero de lejos», decía un Pessoa muy leopardiano. Y por esos misterios de la literatura, nunca el sufrir de otro consolará tan de cerca nuestras vidas[18].

La confluencia de poesía y locura no resta belleza, ni intensidad y amor a la letra, ni eficacia en la trasmisión del canto, y si se sitúa en la vía de la gran poesía, entonces se constituirá en un homenaje. La poesía si es atemporal y ahistórica siempre escapará a los circuitos de la razón, al discurso histórico razonable. Si “lo poético de la poesía excede a la historia”[19], otro tanto podríamos decir de la estructura psicológica en que cada uno se defiende, igual nos da que el poeta se sumerja en los meandros y laberintos de la locura que sienta que es el más cuerdo. En un caso o en otro, nos hace más bella la vida.

Como muestra, su poema “El poeta es un fingidor”:

El poeta es un fingidor.
Finge tan completamente
Que hasta finge que es dolor
El dolor que de veras siente.

Y quienes leen lo que escribe,
Sienten, en el dolor leído,
No los dos que el poeta vive
Sino aquél que no han tenido.

Y así va por su camino,
Distrayendo a la razón,
Ese tren sin real destino
Que se llama corazón.

Quiero finalizar recordando el comienzo de nuestro trabajo de investigación acerca de la escritura y la locura, (que continuará con el libro El enigma Pessoa y que hablando de otros 50 autores en cierto modo plasmé en el libro Por qué se escribe[20]).  Pero el comienzo no es otro que el que marcó Freud cuando tras escribir, en 1906, su texto “El delirio y los sueños en la Gradiva de W. Jensen” sobre la obra Gradiva escrito por el autor alemán Wilhelm Jensen, dice en una nota de 1912 que los progresos de la investigación psicoanalítica permiten someter las creaciones de los poetas a estudio y

«también averiguar qué material de recuerdos e impresiones del poeta han contribuido a la formación y por medio de qué procesos ha sido trasladado a la misma, dicho material»[21].

Y de final, Pessoa por él mismo en una línea:

“Escribir, sí, significa perderme, pero todos se pierden, porque todo es pérdida”[22].


[1] Ver PESSOA, F.,  Ed. de Pizarro y Ferrari (2018), Yo soy una antología, Pre-textos, Valencia, 2018, p. 164.

[2] Ver LACAN, J., El yo en la Teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica, Seminario II, Paidos, Buenos Aires, 1983, p. 17.

[3] PESSOA, op. Cit., p. 166.

[4] TAIBO, p. 52.

[5] PESSOA, p. 208.

[6] VASCHETTO, E., (2018), Ser loco sin estar loco, Grama, Buenos Aires, 2018.

[7] Ver Miller, J.-A., “Efecto retorno de la psicosis ordinaria”, en Freudiana, núm., 58, Paidós, Barcelona, 2010.

[8] TAIBO, C., “Las vidas de Fernando Pessoa”, en Como si no pisase el suelo, Trotta, Madrid, 2011, p. 28.

[9] TAIBO, Op. cit, p. 28.

[10] Esa expresión de Ofélia ha dado título a uno de los mejores estudios sobre Pessoa, Como si no pisase el suelo, del profesor Carlos Taibo.

[11] PAZ, O., (1961), “El desconocido de sí mismo”, en Fernando Pessoa. Antología, Laia, Barcelona, 1985. El Premio Nobel Octavio Paz afirmó rotundo que «los poetas no tienen biografía. Su obra es su biografía». Es decir, mantuvo en ello una posición de ir a la obra del artista y olvidarse de la persona del artista. Esa su posición no es la nuestra, no podemos disociar vida y obra si queremos desentrañar el enigma Pessoa

[12] Un capítulo aparte merece la vida sexual y amorosa de Fernando Pessoa, y su sentirse mujer hacia adentro. Ver MORALES, L., (2015), Un amor como éste, Funambulista, Madrid, 2015; DORI, S., (1994), La vida sexual de Fernando Pessoa, Bromera, Valencia, 1994; PESSOA, F., Cartas de amor, Funambulista, Madrid, 2012.

[13] ROUSSEL, R., (1897), El doble, Wunderkammer, Girona, 2017. Roussel creía ser un genio cuando escribía este novela en verso, pero al descubrir que para los lectores era indiferente, entonces enloqueció…

[14] Ver GARCÍA MARTÍN, J.L, Fernando Pessoa, sociedad ilimitada, Llibros del Pexe, Gijon, 2002, p. 38.

[15] He consultado especialmente la edición de Acantilado de 2002, traducida por Perfecto Cuadrado, ver PESSOA, F., (1913), El libro del desasosiego, Acantilado, Barcelona, 2002.

[16] Ver SOLER, C., “Pessoa, la Esfinge”, Uno por Uno. Revista Mundial de Psicoanálisis, núm. 44, Paidos, Barcelona, 1997, p. 57.

[17] En MILLER, J.A., et. al., Los inclasificables en la clínica psicoanalítica, Paidos, Buenos Aires, 1999, p. 341.

[18] TRAPIELLO, A., (2002), “Una novela íntima”, en EL PAÍS, 21.12.2002, PRISA, Madrid, 2002.

[19] AZÚA, F., (2012), “¿De qué hablan los poetas?”, p., 8, en HÖLDERLIN, F., Poemas, Lumen, Madrid, 2023.

[20] MARTIN ADURIZ, F., (2022), ¿Por qué se escribe? Cincuenta escritores, La Dragona- MG ediciones, Málaga, 2022.

[21] FREUD, S., (1906) “El delirio y los sueños en la Gradiva de W. Jensen”, en Obras Completas, Tomo IV, Biblioteca Nueva, Madrid, 1972, p. 1336.

[22] PESSOA, F., (1913), El libro del desasosiego, Acantilado, Barcelona, 2002.