Para este nuevo número de la revista ANÁLISIS, dedicado a la Locura y la PsicosisOrdinaria, me gustaría compartir la reseña de un libro que me ha cautivado por su brevedad y, paradójicamente, por su inmensa profundidad: Tres segundos con Lacan, de Esthela Solano-Suárez.
Al igual que me sucedió en aquella librería de Madrid con la topología de Lacan, este libro llegó a mis manos en un momento de búsqueda sobre la práctica clínica. Su autora no necesita presentación para quienes habitamos el Campo Freudiano: Esthela Solano-Suárez es una reconocida psicoanalista en París, miembro de la Escuela de la Causa Freudiana (ECF) y de la AMP, cuya trayectoria está marcada por haber sido analizante de Jacques Lacan.
El título del libro ya es, de por sí, una declaración de intenciones. ¿Qué puede ocurrir en tres segundos? Para la autora, ese es el tiempo que podía durar una sesión con Lacan. Pero no nos engañemos: no se trata de una cuestión cronológica, sino de un tiempo lógico que apunta directamente al corazón del inconsciente. En este texto, Esthela nos narra su propio encuentro con «el último Lacan», ese que ya no se perdía en grandes explicaciones, sino que operaba mediante el corte y el acto.
Uno de los puntos que más me ha hecho reflexionar, y que vincula directamente con el seminario sobre la Psicosis Ordinaria que nos ocupa en Castilla y León, es cómo Lacan trataba la «locura» de cada sujeto. En el relato, vemos que el analista no busca normalizar al paciente, sino permitir que algo del orden de lo real se anude de una manera habitable. Si en la topología hablábamos de superficies no orientables, aquí hablamos de encuentros que no tienen una explicación lineal, pero que producen una transformación subjetiva radical.
La autora describe con una sensibilidad exquisita cómo Lacan, a veces con un simple gesto o un silencio, lograba que el sujeto se enfrentara a su propia verdad. Ha sido fascinante leer cómo Esthela relata su llegada a París y su decisión de «ir a ver a Lacan», un encuentro que ella define como un choque con lo inesperado. En la clínica de la psicosis ordinaria, a menudo nos encontramos con esa misma necesidad: la de un analista que haga de soporte o de «secretario» del alienado, permitiendo que la invención propia del sujeto sostenga su mundo.
Debo confesar que la lectura de estos fragmentos de vida me ha dejado con una sensación de vértigo y gratitud. Agradezco a la autora la generosidad de abrirnos las puertas de su propio análisis para enseñarnos que la práctica del psicoanálisis de orientación lacaniana no es una técnica rígida, sino una apuesta por lo singular de cada caso.
Animo a todos los lectores de ANÁLISIS a hacerse con un ejemplar de este libro. Es una lectura que requiere paciencia y una disposición a dejarse sorprender, muy alejada de los manuales de psicología al uso.
Al final, me queda claro que, ya sea a través de un complejo esquema topológico o de un encuentro de apenas tres segundos, lo que está en juego es siempre la posición del sujeto frente a su propio deseo y su propia locura.